viernes, 30 de mayo de 2008

El hombre que tenía mucho.

Una vez había una familia que no era ni rica ni pobre. Vivían en una pequeña casa de campo de Ohio. Una noche se sentaron juntos para cenar y alguien tocó la puerta. El padre se acercó a abrir. Ahí estaba un hombre viejo con ropa desgarrada, pantalones rotos y sin botones. Cargaba una canasta llena de verduras. Le preguntó a la familia si querían comprarle algunas. Ellos aceptaron porque querían que se fuera rápido. Con el paso del tiempo, la familia y el hombre viejo se hicieron amigos. El hombre le traía verduras cada semana a la familia. Pronto se enteraron de que él era ciego y que tenía cataratas en los ojos. Pero era tan amigable que aprendieron a esperar ansiosamente sus visitas y a disfrutar de su compañía.Un día, mientras entregaba las verduras, dijo:- ¡Ayer tuve la más grande bendición! Encontré una canasta de ropa afuera de mi casa que alguien me dejó. La familia, sabiendo que él necesitaba ropa, dijo:-¡Qué maravilloso!El hombre viejo y ciego, dijo:- La parte más maravillosa es que encontré una familia que verdaderamente necesitaba esa ropa.Recuerda, la felicidad no depende de lo que eres o lo que tienes. Juan 10:10 Yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia.

jueves, 8 de mayo de 2008

Bobby: cuando no puedes ser fuerte por ti mismo…

Cómo médico dedicado al cuidado de los niños, tengo la fortuna de experimentar a diario la extraordinaria energía, fortaleza y fe de los físicamente más frágiles entre nosotros. Uno de tales casos tiene que ver con Bobby, un niño de cinco años a quien le habían diagnosticado leucemia cuando apenas tenía cuatro.El cáncer de Bobby había sido controlado, ya no padecía de esta enfermedad, y había venido al hospital para someterse a una serie de pruebas.Bobby tenía ojos de un azul muy intenso y una tímida sonrisa que a primera vista no revelaba la sabiduría que había adquirido durante ese año de lucha contra el cáncer. Él había perdido todo el cabello como consecuencia de la quimioterapia, que muchas veces lo dejaba nauseabundo y sin ganas de comer. Había pasado por numerosos procedimientos y tratamientos dolorosos y este día no era la excepción.Sabía exactamente lo que le esperaba, ya había pasado por lo mismo antes. Le expliqué lo que íbamos a hacer, y por qué, yla importancia de que permaneciera muy quieto. Bobby me aseguró que no se movería, y me prometió que las enfermeras y tecnólogos que lo atendían no iban a tener que sujetarlo a la camilla.Antes de empezar, Bobby preguntó:- Dr. Brown, ¿está bien si recito el salmo 23 mientras me pincha?- Por supuestos, me parece bien -le dije y comenzamos nuestra labor.Bobby recetó bellamente, sin derramar ninguna lágrima ni moverse. El procedimiento se realizó sin contratiempos. Bobby, con su tierna sabiduría, trataba de tranquilizarme:- Dr. Brown, eso realmente no me dolió mucho.Todos sabíamos que sí le había dolido. Entonces Bobby me tomó por sorpresa cuando preguntó:- ¿ Dr. Brown, se sabe usted el salmo 23?- Claro que sí, respondí.- ¿ Puede decirlo de memoria como yo ? -se dirigió a mí, mostrándose un poco dubitativo.- Vaya, no estoy seguro, pero creo que puedo hacerlo -le dije, al percatarme de que no tenía escapatoria.- Entonces recítelo en frente de todos -señaló Bobby.Comencé a pronunciar el salmo equivocándome en cada verso. Mi interpretación fe bastante pobre comparada con la de Bobby, y eso que yo no tenía ninguna aguja clavada en la espalda. Me di cuenta que todos los profesionales de delantal blanco que estaban en la sala trataban de escabullirse por miedo a ser los próximos invitados a recitar, una posibilidad mucho más aterradora que la de actuar ante un gran auditorio.El encantador y calvo Bobby nos dijo a todos:- Saben, ustedes deberían aprenderse el salmo 23 de memoria, porque cuando uno lo recita en voz alta, Dios te escucha y reconforta tu corazón todas las veces que no puedes ser fuerte por ti mismo.…Puesto que el reino de Dios pertenece a aquéllos que depositan su confianza en él. Salmo 23 El Señor es mi pastor nada mi faltará…Tomado de: Sopa de pollo para el alma del cristiano.

viernes, 2 de mayo de 2008

Jugando en la arena

Una vez, cuando tenía cinco años, fui a un parque local con mi mamá. Mientras jugaba en el arenero, vi a un niño de mi edad en silla de ruedas. Me acerqué a él y le pregunté si podía jugar. Ya que tenía sólo cinco años, no entendía por qué el niño no entraba en el arenero y jugaba conmigo. Me tomé mi cubeta, recogí toda la arena que pude y la puse en sus piernas. Después agarré unos juguetes y también los puse en sus piernas.Mi mamá corrió hacia mí y dijo: “¿Lucas, por qué hiciste eso?”La miré y le dije: “ Él no podía jugar en el arenero conmigo, así que le traje arena. Ahora podemos jugar juntos en la arena”.Lucas ParkerEspero vivir solamente una vida. Entonces, si hay algo de bondad que pueda mostrar, o algo bueno que pueda hacer por alguien, déjenme llevarlo a cabo ahora, sin demora ni descuido, ya que no volveré a pasar por aquí.William Penn Gálatas 5:22-23 Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza; contra tales cosas no hay ley.