martes, 29 de abril de 2008

Yo sí te veo

La casa comenzó a incendiarse, el chico estaba solo, ambos padres habían salido a trabajar. El chico subió al techo dado que el fuego había comenzado en la cocina....Los vecinos llamaron a los bomberos y le avisaron a la fábrica del padre que estaba a pocas cuadras... el humo aumentaba y también la desesperación el padre llegó corriendo y le gritaba a su hijo: "Tiráte que yo te sostengo..."...¡¡ "no, no, no me puedo tirar porque no te veo, no sé donde estás...!!... "¡¡Tiráte – insistió el padre – porque yo sí te veo y sé donde vas a caer para sostenerte...!!El hijo le dijo: - Pero yo no te veo.El Padre contestó. - Sabes cómo lo debes de hacer, cierra los ojos y lánzate! El niño dijo: - Papi no te veo, pero allá voy!Y cuando el niño se lanzó abajo, lo rescataron.Entonces el Padre lo abraza, llora con el hijo, juntos pero muy contentos.Cuántas veces en nuestras vidas atravesamos por momentos de "Incendio", proyectos personales o familiares inconclusos, cuántas veces sentimos que aquello sobre lo que habíamos fundado nuestras expectativas se comienzan a desvanecer y nada de lo que hacemos lo puede sostener....y en esos momentos cuando no vemos hacia donde caminamos, cuando no sabemos que decisiones tomar."Dios nos dice: Tranquilo/a que yo te veo..." y es maravilloso sabernos vigilados/as, con la mira comprometida de nuestro Dios, que no es mirada observadora sino sustentadora, mirada que nos recuerda y re-crea la esencia de cada una de nuestras existencias: ser hijos e hijas de Dios concebidos en Su Amor.Que la certeza del Espíritu de Dios habitando en medio nuestro nos de la confianza de seguir caminando, aún cuando no veamos el camino, por la simple seguridad: "TRANQUILO, YO SÍ TE VEO..."Mateo 28:20… He aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Amén. Hebreos. 13:5… Yo nunca te abandonaré ni te desampararé.Salmos 94:22… Mas el Señor me ha sido por refugio, Y mi Dios por roca de mi confianza.Proverbios 14:26… En el temor de Dios está la fuerte confianza; Y esperanza tendrán sus hijos.

sábado, 26 de abril de 2008

Un clavo saca otro clavo

Hubo una vez un hombre que pensaba en como sacar un clavo de una tabla gruesa de madera, pues no tenía tenazas, solo un mazo y unos clavos. Pasó mucho rato tratando de pensar la manera de sacarlo y cuando iba a desistir se le ocurrió una idea. Tomó otro clavo y la clavó sobre la cabeza del que quería sacar y de esta forma el primer clavo salió del otro lado de la tabla.
A veces tenemos un odio, un dolor, un resentimiento que hemos estado tratando de sacar de nuestros corazones y no hemos podido por lo arraigado que se encuentra.
Existen otros clavos que podemos usar para sacar esos primeros que nos lastiman tanto, puedes sacar:
El Rencor con el Perdón
El Odio con el Amor
La Tristeza con la Alegría
La Inseguridad con la Confianza
La Ira con la Paz
La Autolástima con la Aceptación
¿Cuál es el ese "clavo" que no has podido sacar? No importa cual sea, debes saber que tu no tienes por que tenerlo clavado!...pues ya hubo alguien que los recibió por en una cruz. "El fruto del Espíritu es amor, alegría, paz, paciencia, afabilidad, bondad, fidelidad, mansedumbre, dominio de sí; contra tales cosas no hay ley." -Gálatas 5:22-23

lunes, 7 de abril de 2008

El águila y su Pichón (amor de madre).

Se cuenta la historia de un águila que había construido su nido en lo alto de un peñasco. Cierto día cuando volaba en torno de su nido, el águila vio a su aguilucho recién nacido que se agarraba desesperadamente del borde del nido, tratando con todas sus fuerzas de sostenerse e impedir así una caída al abismo, lo que sería fatalmente su fin. Como era imposible alcanzar el peñasco antes que su cría cayera, el águila descendió con la velocidad de un rayo debajo de su hijito y abrió sus fuertes alas para interrumpir su caída. Con su cría agarrada a ella el águila planeó entonces con seguridad de vuelta al nido. Moisés, antes de su muerte, dando su bendición al pueblo, les aseguró que Dios no los abandonaría y por eso dijo: “El Dios eterno es tu protector y por debajo tuyo extiende sus brazos eternos”. (Deuteronomio 33.27). Aun hoy podemos confiar en esta promesa. Así como el águila extendió sus alas para interrumpir la caída de su cría, así Dios extiende sus brazos para interrumpir la caída de cada uno de sus hijos. A veces Dios llega a permitir que caigamos de nuestro nido (sufrimientos, pérdidas, desilusiones, problemas familiares, etc.), para mostrar cuán débiles e impotentes somos, para sentir cuán dependientes somos de su protección. Sólo que Dios no quiere que lleguemos hasta el suelo y nos invita a través del salmista: “Entrega tu camino al Señor, confía en él y el resto él lo hará” n (Sl 37.5) Creo en las promesas de Dios porque yo creo en un Dios vivo. Creo que Dios no perdió su poder, sino que continúa extendiendo sus brazos para ampararme. Creo en aquella promesa bíblica: “Vengan a mi todos ustedes que estan cansados de cargar sus pesadas cargas y yo los aliviaré” (Mateo 11.29). Creo en la ayuda de Dios ¿Y tú?